El Castigo de los Dioses
Sé que mi silencio ha sido demasiado largo,
que la distancia no era terrenal.
Sé que no merezco tus abrazos
y aun así no cejaré en reclamarlos.
Sé que mis noches arden por tu mirada,
que tu voz reverbera en las paredes de mi cárcel.
Sé que la tormenta nunca acaba
y aun así no me quejaré por empaparme.
Empujaré esta roca de castigo una y otra vez
hasta los confines elevados de la montaña,
y cuando la luz del sol bañe mi rostro,
cuando esté convencido de poder descansar
descubriré que la batalla he perdido,
tendré que volver a empezar.
Empezar encadenado a la fría piedra y al metal,
esperando la llegada del ave rapaz,
esa que arrancará algo de mí, de mi esperanza
y que jamás podré recuperar.
Sé que mi silencio ha sido demasiado largo,
que la distancia no era terrenal.
Sé que no merezco tus abrazos
y aun así no cejaré en reclamarlos.
Sé que mis noches arden por tu mirada,
que tu voz reverbera en las paredes de mi cárcel.
Sé que la tormenta nunca acaba
y aun así no me quejaré por empaparme.
Empujaré esta roca de castigo una y otra vez
hasta los confines elevados de la montaña,
y cuando la luz del sol bañe mi rostro,
cuando esté convencido de poder descansar
descubriré que la batalla he perdido,
tendré que volver a empezar.
Empezar encadenado a la fría piedra y al metal,
esperando la llegada del ave rapaz,
esa que arrancará algo de mí, de mi esperanza
y que jamás podré recuperar.



